martes, 10 de noviembre de 2015

Desmitificando el Odio



En la cultura social actual argentina, hay palabras que han dejado de usarse como insulto o agresión para formar parte del vocabulario cotidiano, han modificado su intención  y se ha naturalizado su uso. Por otra parte, hay palabras que gracias al mensaje de los medios de comunicación y los lineamientos políticos “progresistas  y defensores de los derechos humanos”, han visto desvirtuado completamente su significado, otorgándoles connotaciones exclusivamente negativas  al punto tal de convertirlas, por sí mismas,  en entes malditos indecibles, como así también en objeto de cuestionamiento  y censura al sujeto  que las siente y/o pronuncia, a la vez que para algunos casos,  se han popularizado “sinónimos” menos “violentos” que las reemplazan.
Tal es el caso de palabras como discriminación, odio, exclusión o excluyente, discapacitado/a o discapacidad, ciego/a, desnutrido/a, exterminio, obligatorio/a u obligatoriedad y colegio (como sinónimo de escuela), entre tantas otras.
En esta ocasión en particular y debido a comentarios sobre un posteo, quiero ocuparme de desmitificar el odio, que en todos los casos, es tomado como síntoma de violencia. El odio es un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo. El odio es lo opuesto al amor, pero tan genuino y existencial como él. Coexisten. El odio es complemento del amor. Si una persona ama el bien, necesariamente odia el mal. Si ama a la verdad, desprecia la mentira. Si ama la justicia, siente un profundo disgusto y aversión por lo injusto. Si ama a su Patria, odia todo aquello que la daña y la sucumbe. Aquello es enemigo. No se puede amar algo y a su contrario al mismo tiempo. Tampoco se puede ser indiferente a la antítesis de un objeto de amor. El odio no es malo en sí mismo, es malo sólo cuando concluye en acciones violentas que no tienen su correspondencia en el amor.
No es violencia odiar, no es pecado. Los creyentes que aman a Dios, deben odiar al Diablo. ¿O aman a ambos?¿Pueden?





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