jueves, 5 de noviembre de 2015

Fantasmas del Dolor




Ni siquiera se trata de una dicotomía, de hacer una elección entre norte y sur, no se trata ni de amor ni de odio, tampoco de enfrentar la tristeza a la felicidad.
¡Qué sencilla sería la vida si se resolviera con tirarla a cara o seca! ¡Qué fácil resultaría decidir si frente a la diversidad sólo hubiera dos posibilidades!  Si todo se solucionara con un simple “sí” o un rotundo “no”. Pero todo lo que podemos dividir entre la razón y la pasión, el pensamiento y el corazón, lo que queremos y lo que podemos, lo que creemos y lo que practicamos, todo lo que en teoría puede separarse como fases distintas de un mismo cuerpo, casi nunca puede en el ser humano atribuirse en un ciento por ciento a uno u otro componente, por el contrario, la mayoría de las veces, las pujas internas son tan intensas que nos quedamos estancados, empantanados en la especulación de a quién o a qué conviene darle la victoria y mientras esto nos ocupa, permanecemos estáticos mientras la vida sucede.
Como si todo esto no resultara suficiente, habitualmente se suman los recuerdos, las asociaciones, los paralelismos. La memoria emotiva consciente o inconsciente que puede llegar a traicionar a la voluntad, boicoteando proyectos e ilusiones, o por decisión antónima a ella llevarnos a acciones presurosas opuestas a nuestros verdaderos deseos camuflados por la dialéctica mental implícita en toda decisión importante.
¿Puede el ser humano ser capaz de identificar estas cuestiones para así aplicar serenidad y sabiduría en su proceder? ¿Puede el ser humano obrar objetivamente o su naturaleza hace que su visión de la realidad esté siempre velada en mayor o menor grado por las vivencias de su pasado? ¿Cómo darse cuenta cuando estas vivencias se transforman en fantasmas, especialmente en fantasmas del dolor?
Un gran dolor puede tanto paralizar como movilizar. Esa movilización puede ser tanto positiva como negativa. Si esta situación tan determinante tiene blanco y tiene negro, ¿por qué la sana existencia siempre debe debatirse entre una amplia gama de grises? ¿Cómo saber qué decisiones y acciones son las correctas antes de enfrentarnos con sus incontrastables consecuencias?

“Parece ser entonces que la vida no es otra cosa más que un transcurrir de continuas  elecciones  y un vagar entre probabilidades asumiendo riesgos con pasión y con el convencimiento de que nunca tendremos encerrada en nuestro puño ni una sola certeza”


Quizás  la sabiduría consista en reconocer esto y valorar esta gran aventura llamada vida minimizando los tiempos que dedicamos al estatismo… no lo sé.



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