Ni siquiera se trata de una dicotomía,
de hacer una elección entre norte y sur, no se trata ni de amor ni de odio,
tampoco de enfrentar la tristeza a la felicidad.
¡Qué sencilla sería la vida si se
resolviera con tirarla a cara o seca! ¡Qué fácil resultaría decidir si frente a
la diversidad sólo hubiera dos posibilidades! Si todo se solucionara con un simple “sí” o un
rotundo “no”. Pero todo lo que podemos dividir entre la razón y la pasión, el
pensamiento y el corazón, lo que queremos y lo que podemos, lo que creemos y lo
que practicamos, todo lo que en teoría puede separarse como fases distintas de
un mismo cuerpo, casi nunca puede en el ser humano atribuirse en un ciento por
ciento a uno u otro componente, por el contrario, la mayoría de las veces, las
pujas internas son tan intensas que nos quedamos estancados, empantanados en la
especulación de a quién o a qué conviene darle la victoria y mientras esto nos
ocupa, permanecemos estáticos mientras la vida sucede.
Como si todo esto no resultara
suficiente, habitualmente se suman los recuerdos, las asociaciones, los
paralelismos. La memoria emotiva consciente o inconsciente que puede llegar a
traicionar a la voluntad, boicoteando proyectos e ilusiones, o por decisión
antónima a ella llevarnos a acciones presurosas opuestas a nuestros verdaderos
deseos camuflados por la dialéctica mental implícita en toda decisión
importante.
¿Puede el ser humano ser capaz de
identificar estas cuestiones para así aplicar serenidad y sabiduría en su
proceder? ¿Puede el ser humano obrar objetivamente o su naturaleza hace que su
visión de la realidad esté siempre velada en mayor o menor grado por las
vivencias de su pasado? ¿Cómo darse cuenta cuando estas vivencias se
transforman en fantasmas, especialmente en fantasmas del dolor?
Un gran dolor puede tanto paralizar
como movilizar. Esa movilización puede ser tanto positiva como negativa. Si
esta situación tan determinante tiene blanco y tiene negro, ¿por qué la sana
existencia siempre debe debatirse entre una amplia gama de grises? ¿Cómo saber
qué decisiones y acciones son las correctas antes de enfrentarnos con sus
incontrastables consecuencias?
“Parece
ser entonces que la vida no es otra cosa más que un transcurrir de continuas elecciones y un vagar entre probabilidades asumiendo
riesgos con pasión y con el convencimiento de que nunca tendremos encerrada en
nuestro puño ni una sola certeza”
Quizás
la sabiduría consista en reconocer esto y valorar esta gran aventura
llamada vida minimizando los tiempos que dedicamos al estatismo… no lo sé.

Muy bien 10 Fernanda!!! Continúa así!!!
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